¿Cómo canalizar la ansiedad en tiempos de incertidumbre?

Son las tres de la mañana, todos duermen en tu casa, pero tú no. Das vueltas en la cama para un lado y para el otro. Piensas y piensas. No sabes qué hacer. Te desesperas, sudas, vas al baño, regresas. No logras conciliar el sueño por nada. ¿Te sientes identificado?

Dormir recarga las energías, nos da la fuerza que necesitamos para el día siguiente, como cuando enchufas el celular para que recargue la batería durante la noche y tenerlo listo al despertar.

Según la Organización Mundial de la Salud, 40% de la población mundial sufre de insomnio en cualquier momento de su vida, por circunstancias referidas a algún problema de tipo estresante, pero pasajero. Un 10% enfrenta este problema de forma crónica, como resultado de alguna enfermedad física o de tipo mental, como la ansiedad o la depresión.

¿Qué es lo que pasa realmente cuando no logramos conciliar el sueño? ¿Cuál es el temor, la angustia, que nos perturba? ¿De dónde viene esa ansiedad? Pues parece ser que viene de lo más profundo del alma. Es una intranquilidad, un temor, como un viento frío que te abraza y no te deja, que crece e inunda todo tu ser; a veces ahogándote y desesperándote. En esos momentos, la realidad es que tus defensas bajan y es como si te pusieras un letrero encima invitando a las enfermedades a venir a ti.

La ansiedad puede ser normal, mientras se mantenga dentro de los límites apropiados. Tiene sentido cuando nos enfrentamos a nuevos retos o tenemos que encarar ciertas situaciones complicadas. Pero, cuando es constante, agota, debilita, enferma tu cuerpo y destruye poco a poco la salud.

La gran pregunta es: ¿cómo prevenir que la ansiedad se acomode, se instale en mi cuerpo? Fundamental, para mí, es: “decide bien”. Decidir bien hoy es gravitante, porque el cuerpo te va a pasar la factura mañana. Sería genial tener tres corazones o siete pulmones de repuesto. ¡Sería increíble! Pero la realidad es que no es así y la ansiedad nos puede enfermar de adentro hacia afuera.

El temor es la puerta a lo que pudiera pasar. Por eso yo te digo que, si tú decides bien hoy, vas a estar tranquilo mañana. Vas a poder bailar, silbar, reír, porque estarás tranquilo con tu conciencia y la ansiedad no tendrá lugar en tu ser, porque estarás seguro de que, a pesar de todo, decidiste bien, y esa convicción te dará tranqulidad.

La ansiedad y el miedo son primos, pero no son iguales. El miedo ve una amenaza. La ansiedad, en cambio, se la imagina, y se la imagina con todo el daño que podría hacer, sobredimensionándola.

Otra forma que tengo de ayudarme a enfrentar la ansiedad es vivir un día a la vez, dejando de lado las preocupaciones que no son para hoy. Hago deporte, disfruto el día, disfruto de mi familia, celebro los pequeños detalles de cada día, produciendo sin inquietarme por nada, ¡POR NADA! (así, en mayúsculas) que me genere preocupación. La preocupación asfixia no solo la mente, sino el cuerpo. Etimológicamente, “preocupación” es una palabra compuesta, que proviene del griego merimnao, que es la suma de estos dos términos: “merizo”, dividir, y “nous”, mente. La preocupación divide la mente y eso es peligrosísimo para una buena salud, porque te resta energías y concentración. No debes permitir que tu mente se convierta en tu propio enemigo y destruya tu salud. Aprende a confiar que tú no tienes control del mañana, solo de lo que haces hoy, y si hoy decides bien, aprenderás a enfrentar el mañana mejor.

Día Internacional de la Mujer

Esta es una fecha clave para hablar y reflexionar sobre los avances y desafíos en temas de igualdad de género, aunque son muchos los obstáculos que detienen el desarrollo de la tan ansiada igualdad. El Informe del Foro Económico Mundial, presentado en 2017, afirma que la brecha existente en cuanto a igualdad de género no se cerrará por lo menos hasta dentro de cien años, lo cual demuestra que tenemos mucho por hacer.

Además, la persistencia de la lucha contra la desigualdad es un tema que parece no estar cien por ciento bajo nuestro control; sobre todo si tomamos en cuenta los llamados “sesgos inconscientes” que juegan en nuestra contra.

Los sesgos inconscientes son creencias o estereotipos que yacen en nuestro inconsciente y afectan, directa pero inconscientemente, nuestras percepciones y decisiones en la vida diaria, de tal modo que los “usamos” de forma automática, y debemos prestar seria atención a ello porque están en nuestro ámbito de responsabilidad.

Estos sesgos inconscientes tienen que ver, por ejemplo, con la manera en cómo percibes al sexo opuesto, a la gente de color, a las personas con discapacidad, a los roles en las responsabilidades domésticas, etc. Son sesgos que se forman desde la niñez, en el medio ambiente donde vivimos y crecemos, en el colegio, la universidad en que estudiamos, el barrio, el club, la comunidad. Y así, sin darnos cuenta, hoy por hoy son parte de nosotros.

La condición de pandemia global y está convivencia impuesta 24/7 hace que todos estemos pasando por una prueba especial, adaptándonos a múltiples cambios en el trabajo, en el estudio, en la ayuda en casa, en la forma de nuestras celebraciones. Vemos hoy más que nunca la importancia de las relaciones, de los vínculos, sobre todo de los vínculos en el núcleo familiar, donde salta a la luz también el tema de la igualdad, en el sentido que tanto el hombre como la mujer necesitamos no solo estar juntos, sino enfrentando el día a día juntos, valorándonos por igual, cuidándonos, protegiéndonos, compartiendo por igual las responsabilidades de la casa y la crianza de los niños. Los sesgos inconscientes pueden jugarte una mala pasada y hacer que la convivencia se torne insufrible.

Definitivamente, todos estamos pasando por un examen de tolerancia y empatía, en el que seguramente nos es difícil ponernos en el lugar del otro. Por ello, aquí les dejo unas sencillas recomendaciones, a modo de recordatorio, que pueden ayudarnos a pasarla de mejor manera.

En principio, tomar conciencia y no olvidar que cada individuo, tanto hombre como mujer, somos iguales en valor, aunque distintos en habilidades; y ambos somos seres humanos que necesitamos mantener en equilibrio nuestro espíritu, alma y cuerpo, de tal manera que lo que podamos darle a nuestra familia en el hogar contribuya también a este equilibrio.

Por otro lado, es importante también recordar y tomar conciencia de que ambos debemos ser modelos a seguir. Es por medio del ejemplo que los miembros del hogar van a asimilar hábitos, costumbres y, sobre todo, el sentido de la responsabilidad. El ejemplo es lo que marca indeleblemente a los niños en el hogar.

Finalmente, es importante que no olvidemos que ambos debemos comprometernos en la motivación y construcción del hogar. Como padres, somos los primeros que debemos motivar, elogiar, impulsar con palabras, afecto, compañía, escucha. En este sentido es vital que aprendamos a desterrar la queja, el lamento, la acusación, la demanda. Todo eso destruye, no construye. Y hoy más que nunca necesitamos ser constructores de una sociedad distinta, que nos enorgullezca y nos bendiga a todos por igual.

Mi saludo a todas las mujeres luchadoras. Y recuerden que ustedes son y serán únicas en la medida que sean ustedes mismas, auténticas y plenas, esforzándose por ser sabias cada día, sin perder la belleza de la esencia de ser mujer.

El trabajo en equipo y la familia

Constantemente estamos rodeados de diferentes equipos y lo ideal es sacar el máximo potencial de cada uno de estos. Mi primer equipo es mi familia; el segundo, mis amigos; el tercero, mi trabajo y el cuarto, la comunidad. Dicho esto, creo que el desafío es: ¿cómo sacar el máximo potencial de nuestros equipos? A continuación, mencionaré algunos valores no negociables para encontrar ese potencial.

Escuchar: la escucha activa implica estar atentos. Escuchar no es solo una cuestión biológica, si queremos lograr una buena comunicación con los demás el primer paso debe ser conocer la diferencia entre oír y escuchar; oír es percibir sonidos, mientras que escuchar es prestar atención a esos sonidos. Hay que estar atentos al lenguaje verbal y no verbal. Aprender a escuchar tiene muchos beneficios, ya que así se va a generar la empatía en tu equipo.

Tener una comunicación que inspire: es mejor tener 10 gramos de inspiración que 1 kg de control. La inspiración se logra cuando uno actúa, con el ejemplo, cuando uno no solo demanda. La comunicación asertiva se da cuando uno aprende a controlar sus emociones y busca el momento adecuado para comunicar las cosas.

Humildad: este valor abre puertas, la soberbia las cierra. La humildad es la capacidad para poder reconocer las habilidades y capacidades de otras personas. Esta es necesaria para poder tener empatía y toda la disposición de escuchar al corazón de tu equipo.

Integridad: está relacionada a la honestidad. No hay nada más valioso para un equipo que ver a su líder siendo honesto, sincero, genuino y auténtico. Ver coherencia entre lo que piensa, dice y hace.

Conocernos: cada ser humano es distinto. El conocernos como personas va a darle mucho valor al equipo, más allá de los resultados numéricos que pueda tener.

Tener reglas claras: constantemente debemos recordar cuáles son nuestras reglas: la puntualidad, el trato, el poder discrepar pero con respecto. Esto es muy importante, ya que evita conflictos.

Llamadas de atención: estas siempre deben ser comunicadas a solas y sin ira, burla ni enojo. Estas son críticas constructivas que deberían inspirar a mejorar.

Visión: constantemente debemos recordarle a nuestro equipo cuál es nuestra visión: ¿Por qué estamos aquí y juntos? ¿Qué es lo que queremos hacer? Hay circunstancias muy difíciles y el simple hecho de recordar el propósito de lo que se quiere hacer, le devuelve el aliento al equipo.

Entusiasmo: todo cae bien con una sonrisa. Siempre tenemos que mantener el entusiasmo, la alegría, la motivación y el buen ánimo, esto es importantísimo para vivir en un ambiente armonioso.

Trabajar en equipo es una competencia que absolutamente todos tenemos. Todos podemos trabajar en equipo, pero, por supuesto, es un proceso que puede ir mejorando poco a poco.

Finalmente, quiero decirles que la familia es la base más sólida de la sociedad, hay que fortalecer los vínculos en la familia porque esto ayuda a superar con mayor facilidad los obstáculos del día a día. Esfuércense siempre en el trabajo funcional de sus familias, es fundamental para el ser humano tener un hogar seguro, de aceptación y de amor, no de rechazo y burlas, donde cada miembro pueda expresarse libremente.

Ana Sayán

Family T-Coach