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Si odias el juego, cambia las reglas

Día a día me cruzo con muchas personas que son inteligentes, independientes y muy capaces, pero opacan todos los aspectos positivos de su vida con actitudes que son perjudiciales para su imagen.

Cuando se me presentan estas situaciones siempre surgen las mismas preguntas en mi cabeza:

¿Por qué nos hacemos esto? ¿Por qué decidimos limitarnos a nosotros mismos con estas ideas de que no somos lo suficientemente competentes o inteligentes para lograr lo que nos proponemos?


Quizás alguien en algún momento nos hizo pensar que no éramos lo suficientemente “buenos” o “capaces”, pero va más allá de eso. Soy de las personas que cree que lo que hacemos en realidad es actuar en respuesta a las expectativas sociales que nos rodean, especialmente si eres mujer. 

Durante nuestra infancia nadie nos dice que actuar de una manera diferente al estereotipo es una opción y por eso no buscamos hacerlo. Seguimos el plano que han diseñado para nosotras, con las limitaciones y nociones que vienen con ser mujer más adelante. Estamos explícitamente desanimadas de hacer cualquier cosa remotamente distinta, porque los mensajes sociales informan cómo debe ser nuestro comportamiento “apropiado”.


Desde niñas nos enseñan que nuestro bienestar y éxito en la vida dependen de que actuemos de una manera estereotípica, como actuar de manera cortés, mantener nuestra voz suave, ser obedientes, jamás ser mandonas y estar totalmente orientadas a buscar una relación sólida para el futuro. ¿Les suena?

A lo largo de nuestra vida, el mensaje se refuerza a través de lo que vemos en los medios, las opiniones de nuestros familiares y entorno, y, hoy en día, en las mismas redes sociales. Ya sea por ejemplo o por estímulo, si una mujer exhibe confianza y valor a la par de un hombre, a menudo se le acusa de ser esa temida palabra que empieza con P.


Las que intentamos actuar en contra de los estereotipos sociales, a menudo nos encontramos con el ridículo, la desaprobación y el desprecio. Puede ser por parte de tu madre que dice “a los hombres no les gustan las mujeres que son demasiado mandonas” o en respuesta a un estallido de ira por parte de un hombre “¿qué pasa? ¿es esa época del mes?”. Las mujeres somos continuamente bombardeadas con refuerzos negativos por portarse de forma contraria a lo que se nos enseñó en nuestra niñez. Como resultado, aprendemos a actuar como “niñas buenas”, incluso cuando ya hemos crecido, porque es menos doloroso que asumir comportamientos más apropiados para las mujeres adultas. 


Entonces, ¿por qué las mujeres decidimos seguir jugando el juego a partir de reglas que fueron impuestas hace millones de años?


Una razón es porque nos han enseñado que actuar como una “niña buena”, incluso cuando somos adultas, no es tan malo. A las niñas se les cuida, no se espera que se defienden, otros hacen eso por ellas. A las personas les caen bien y los hombres constantemente intentan protegerlas, ya que son agradables; además, disfrutan teniéndolas cerca. 

Ser una “niña buena” es ciertamente más fácil que ser mujer, ellas no tienen que asumir responsabilidad por su vida, sus opciones están limitadas por un ámbito de expectativas estrechamente definido.


Otra razón por la que seguimos exhibiendo este comportamiento es porque no podemos ver más allá de los límites y parámetros que ha creado nuestra sociedad; es “peligroso” jugar fuera de la cancha establecida. La creencia de que debemos ser para los demás, en lugar de para nosotras mismas, se implanta con tanta fuerza que nos volvemos reacias a explorar otras alternativas.


Podríamos racionalizar, defender y lamentar estos hechos, pero si seguimos así no llegaremos a donde merecemos llegar: Todos los puntos de los que ya hablamos se convertirán en excusas para quedarse donde estamos. 

Entonces, ¿cómo cambiamos el juego?

  1. Date permiso para pasar de una “niña buena” a una mujer adulta, puede parecer una idea simple, pero es uno de los cambios más difíciles. Decreta que no solo tienes permitido, sino que tienes el derecho de actuar de la manera que te direccione hacia tus metas y sueños.
     
  2. Visualízate a ti misma como la mejor versión que te gustaría alcanzar; si puedes verlo, puedes serlo. Imagínate cumpliendo todo lo que aspiras a ser, considera cada uno de los comportamientos que deberás incluir en tu vida y comprométete a ellos. Solo a través de este compromiso podrás llegar a donde deseas. ¡Vuelve tus metas en realidad!

  3. Habla con la voz temerosa que vive dentro de tu cabeza. Si tu voz de niña temerosa dice “a nadie le gustará que cambie”, deja que tu voz de mujer responda “cambiemos las reglas y lo que esperan de nosotras”.

  4. Rodéate con un escudo inquebrantable, permítete ver lo que sucede a tu alrededor, pero no dejes que tu escudo sea perforado por la negatividad de los demás. En situaciones difíciles, imagínate resguardad por él. Suena un poco loco, pero pronto te darás cuenta de que funciona. ¡Sé tu propia heroína!

  5. No apuntes a la perfección, no existe tal cosa.

En conclusión, cariño, llevamos jugando el mismo juego, con las mismas reglas, hace mucho tiempo. Depende de cada una de nosotras patear el tablero, cambiar la posición de nuestras fichas y buscar ser nuestra mejor versión. Una que disfrute de la libertad de ser y hacer lo que realmente le apasione, sin restricciones o estereotipos. 

¡Tenlo en mente!

Cassandra Sánchez De Lamadrid

Cassandra Sánchez De Lamadrid
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