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Una madre guerrera hace milagros

Hace 28 años nació mi hija Milagros, fui madre pero también fui una guerrera, y ella, un milagro. Cuando mi hija tenía un año y seis meses le detectaron arritmia cardiaca y soplo, en ese preciso momento activé la fuerza heroica que toda madre tiene, ya que fue una noticia devastadora, pero tenía que ser fuerte.

Mi situación económica no me permitía facilitar la situación, tenía otro niño de tres años y la verdad, estaba desesperada. Estaba desesperada por salvar la vida de mi hija, así que la interné en el hospital del niño durante 60 días. Fueron días dolorosísimos, casi no podía visitarla porque no tenía con quien dejar a mi hijo, tampoco podía llevarlo al hospital, recuerdo que algunas veces tuve suerte y pude dejarlo con el señor de seguridad. No contaba con ningún tipo de apoyo familiar, estaba sola asumiendo mi responsabilidad de madre. Cuando llegué a ver a mi hija estaban a punto de llevársela a INABIF.

Un día estaba buscando ayuda por todos los medios posibles y logré juntarme con un grupo de madres de un comedor popular, les conté lo que me estaba pasando y ellas me brindaron ayuda aceptándome como socia del comedor para poder adquirir un menú al día para mí y para mi hijo a s/. 0.70 céntimos. También fui a programas de televisión como “Aló Gisela”, jamás olvidaré que gracias a ella y a la empresa Backus pude tener la inicial para operar a mi hija.

Esto no fue todo, de ahí tenía que ver como pagaba toda la hospitalización. Por haberme preocupado en buscar apoyo económico por todas partes, dejé de visitar a mi hija y descuidé mi salud. Un día fui a verla al hospital y uno de los doctores me vio tan mal que me preguntó qué me estaba ocurriendo y me entregó su tarjeta personal con una nota dirigida a un colega suyo. Encontré a esta persona y le di la tarjeta con la nota, fue así que me exoneraron de los s/.1.800 de hospitalización.

Seguí buscando ayuda para operar a mi hija, el costo de la operación fue de 15.000 dólares y duró 8 horas. Antes de que empezara la operación el doctor me dijo lo siguiente: “todo va a estar bien, no estás sola”. Así fue como dejé la vida de mi hija en las manos de Dios.

Vendí mi casa para salvarle la vida a mi hija y me quedé en la calle. Mi hija, hoy en día, tiene 28 años y me ha dado el regalo más hermoso de la vida: mis dos nietas.

La fe mueve montañas.

Maria Dina Cervantes Márquez

Rubí Estrella

Empresario Independiente Teoma
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